Aquel día la casualidad nos quiso
hacer el favor. Hacía cosa de un mes que había dejado de llover. Un
mes desde aquel encuentro fortuito en un portal, cuando ella se
resguardaba de la lluvia, o esperaba a alguien, y yo me topé de
lleno con sus ojos. Y en efecto, la casualidad, el destino, o lo que
fuese aquello, quiso que me volviese a cruzar con aquellos ojos
llameantes.
Hacía un par de semanas que yo no iba
al café, no sé si por miedo a encontrármela de nuevo o por miedo a
no verla. Desde aquel encuentro en el portal no volví a verla. Pero
allí estaba aquel día, sin que yo albergase esperanza alguna de
ello. La verdad es que no sé porqué había estado yendo allí con
la esperanza de verla sentada en alguno de esos sillones, pero
supongo que era por la misma razón que me empujó a entrar en el
portal el día lluvioso, aunque yo pudiese proseguir mi camino
alegremente.
El caso es que la vi, sentada en una de
las sillas de la linde entre la acera y el interior, con su vestido
estampado de flores, las sandalias gastadas y las gafas de sol
baratas en la cabeza mientras sostenía un cigarrillo con la zurda y
con la diestra garabateaba algo en un papel arrugado. Acabó de
escribir, levantó la cabeza y le dio una calada al cigarro y
mientras expulsaba el humo lentamente vi que sus ojos se cruzaron con
los míos y me pareció averiguar una sonrisa medio torcida en ellos.
Instintivamente, me acerqué a la barra
y pedí lo de siempre, un café con leche. Me di media vuelta y me
acodé en la barra, haciendo con que buscaba un sitio libre para
esparcir mis papeles y mi portátil. Pero mis ojos no dejaban de
traicionarme y poner la vista sobre ella, que le daba un sorbo largo
a su café con leche con hielo.
Y ese ente maligno que me hacía hacer
cosas sin pensar me hizo que me acercase a su mesa, supongo que con
la misma sonrisa estúpida que cuando era adolescente y nunca estaba
seguro de nada, y saludarla.
-Ha dejado de llover - me dijo ella con
voz cálida y una de esas sonrisas burlonas.
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