Ella nunca
hablaba de sí misma, o no explicitamente. Tampoco hablaba demasiado
de otros. Simplemente le gustaba escuchar y observar. Un día no pude
más y cuando ella se levantó para ir al baño, busqué
apresuradamente en su bolso en pos de alguna pista que me dijese algo
más. Dentro, meticulosamente doblado por la mitad, había un sobre.
Matasellos de Madrid y el logotipo de una universidad. Había un
nombre distinto al que ella me había dado, aunque eso ya me lo
esperase, y una dirección. Intenté memorizarla lo más rápido
posible mientras notaba la mirada cínica de Manuel detrás de la
barra. Cabía la posibilidad de que no fuese de ella, pero no se me
ocurría ningún otro motivo contundente para que la tuviese. Sin
embargo, me parecía perfectamente factible que hubiese puesto el
sobre ahí con la intención de que yo lo encontrase.
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